El concepto de texto es fundamental para la semiótica y la lingüística modernas. De acuerdo con la tradición saussuriana, el texto es una manifestación del lenguaje (lengua). El leguaje es percibido como un sistema que codifica el lenguaje, y, consecuentemente, todos los rasgos relevantes del texto se manifiestan en el lenguaje; lo que no se da en el lenguaje (en un lenguaje concreto), no tiene función senso-discriminativa. Por esta razón, un texto siempre es un texto en un lenguaje determinado.Todo texto ha sido visto como material en el que se manifiestan las leyes del lenguaje, como una especie de mineral del que los lingüistas extraen por fundición la estructura del lenguaje.

El estudio de los textos de la cultura permitió distinguir otra función de los sistemas lingüísticos y, por consiguiente, de los textos. Además de su función comunicativa, un texto crea significación. En esta función, el texto ya no aparece más, como un mero envoltorio pasivo de un significado determinado de antemano, sino como generador de significados. Además, la distinción de las funciones modifica nuestra idea del texto. En su función comunicativa el texto es una manifestación de un lenguaje; es por principio homoestructural y homogéneo. Tal peculiaridad del texto lo sitúa en una clase isomórfica junto a fenómenos tales como la conciencia individual del ser humano, con su asimetría funcional entre los dos hemisferios del cerebro, y la cultura, con una estructura interna que se caracteriza por su heterogeneidad y redundancia. El mecanismo generador de significado es siempre el mismo: un sistema de traducciones internas entre sublenguajes que se encuentran en condición de relativa intraducibilidad en un texto determinado. La tercera función del texto está vinculada al problema de la memoria de la cultura. La capacidad de los textos individuales que nos han llegado desde las profundidades de un oscuro pasado cultural para reconstituir capas íntegras de cultura, para restaurar una memoria, está claramente demostrada por la evidencia de toda historia de la cultura humana. No sólo metafóricamente es posible comparar en este sentido los textos con las semillas de los vegetales, las cuales, como mecanismos que generan información, pueden ser trasladadas a una esfera ecológica ajena, conservando su potencial de germinación; es decir, reconstruyendo la memoria del árbol que las produjo.De acuerdo con esto, los textos tienden a la simbolización, se convierten en símbolos culturales. En contraste con otros tipos de signos, los símbolos son capaces de retener la memoria, adquieren un alto grado de autonomía en relación con su contexto cultural y funcionan no sólo en un corte sincrónico de la cultura, sino también en su dimensión diacrónica.

El texto ya no es más un portador pasivo de significado, sino que aparece como un fenómeno dinámico e intrínsecamente contradictorio, como uno de los conceptos fundamentales de la semiótica contemporánea.